Gasolina, comida, todo caro, no combina bien con el turismo

 

 

Miguel del Río | 13.04.2026


 

 

 

 

Los resultados vacacionales para los lugares que atraen más turismo no están saliendo como se preveían. La culpa la tiene principalmente la incertidumbre que están generando las diferentes guerras, y las decisiones, solo militaristas, que toman los Gobiernos. No se genera confianza y todo empieza a oler a crisis. Ante semejante situación, viajar y gastar lleva camino de convertirse en un nuevo lujo, como el precio de los huevos. La pasada Semana Santa ha sido un primer aviso. De cara al próximo verano, ya veremos lo que sucede con el capítulo siguiente.

 

Si el jefe de la Agencia Internacional de Energía, vaticina una crisis energética sin precedentes en la historia mundial, mucho peor que las de 1973, 1979 y 2022 juntas, cualquier cosa que yo añada al respecto de la situación real que estamos viviendo, no viene a aportar mucha más. Eso sí, Fatih Birol, que es el responsable de dicha agencia, concluye que nos enfrentamos a “un gran choque energético, que combina choque petrolero, choque gasístico y choque alimentario”. Sus palabras se las compra el Fondo Monetario Internacional, que habla de “crisis grande y global”. Pero se dejan el choque turístico.

Llegar a esta última conclusión no suscita dudas, y sí bastante lógica. Si no tienes para pagar la factura de la gasolina y el gas, tampoco para pagar todo lo cara que se ha puesto la comida, suben las hipotecas, y con ello no llegas a fin de mes, lo de viajar y hacer turismo ni te lo planteas.

Un claro ejemplo lo encontramos en la reciente Semana Santa 2026. Antes de la primera gran llegada vacacional del año, podías leer que el impacto económico en fechas tan señaladas rondaría los 10.000 millones de euros, y se crearían más de cien mil empleos dentro del sector hostelero. Tras finalizar esa semana libre de trabajo, los datos han sido bien diferentes. Se califica de balance “desigual”, según la zona de España, y como resultado de una encuesta rápida llevada a cabo dentro del sector turístico, un 40% de establecimientos responde que la llegada de visitantes ha sido similar a la del pasado año, un 35% dice que ha sido mejor, y un 20% que peor. Como se puede apreciar, los porcentajes están muy ajustados, con lo que bien podemos llegar a la conclusión de que nada de lo previsto ha salido como se anunciaba.

En España casi siempre se echa la culpa al mal tiempo, la falta de sol, cuando los datos de viajes, pernoctaciones y gasto no son buenos. Lo que sucede es que ahora hay nuevas cuestiones, con la Guerra de Irán a la cabeza, que está trastocando todo, y el turismo está en el ojo de un mundo que se ha vuelto inestable, dado el número de conflictos bélicos. Esto genera lógicos temores, a lo que hay que añadir el precio de la gasolina y otras energías, que al tiempo está disparando todo lo demás, con una alimentación que ya se sitúa en un estado crítico, insoportable al bolsillo de los ciudadanos.

Lo de adelantarse a los acontecimientos también se ha dado en Cantabria, como lugar excepcional para todo turista. En fechas muy anteriores a la Semana Santa, he podido leer que iba a resultar excepcional. Exitosa y maravillosa en todos los sentidos. Desde la meteorología prevista, el número de visitantes, las pernoctaciones, los alquileres, los bares y restaurantes a rebosar, en definitiva, otra riada, esta vez de ingresos para la región. ¿Y qué ha pasado? Pues lo de siempre. Menos visitantes de los esperados, menos ocupación hotelera, pero,eso sí, mucha gente paseando por las calles, que es una manera finolis de decir que no se gasta.

Con lo socorrido que es siempre hablar de la importancia de contar con un buen tiempo reinante, que no salga en los periódicos, no quiere decir que haya que sumar una decisiva cuestión que cada día va cobrando mayor evidencia. Huele a crisis. Para muestra, que resulta esencial a la hora de viajar, el precio de la gasolina. Se ha disparado, y las medidas tomadas por el Gobierno se ven ya insuficientes, ante el cariz que está tomando la Guerra de Irán y la no salida del petróleo, con total normalidad, por el estrecho de Ormuz. La pregunta que nos hacemos es clara: ¿Qué va a pasar?

Por eso no es bueno hacer previsiones dentro del mundo actual y su gran inestabilidad. Ni los propios Gobiernos saben lo que nos vamos a encontrar por delante. Y cuando toman medidas, las hacen del estilo Alemania o Francia. El primer país obliga a los hombres de entre 17 y 45 años a solicitar autorización del Ejército para salir del país durante más de tres meses. ¿Qué libertad de movimiento es esta? El segundo, el galo, acaba de anunciar un aumento de su inversión en armas, por un valor de 64.000 millones de euros. No olvidemos que, desde Bruselas, seno de la Unión Europea, antes de Semana Santa se nos pidió a los ciudadanos que no usemos mucho el coche, que no pisemos el acelerador, y, lo más gordo a mi entender, que procuremos no coger aviones. De todo ello se deduce que nadie está pensando en el turismo, ni en las empresas del sector, ni mucho menos en sus millones de trabajadores repartidos por todo el mundo. Estamos hablando de 371 millones de empleos. Como el resto de mortales, lo quieran o no, su seguridad está pendiente de demasiada incertidumbre. Solo hay una salida: terminar con todos los conflictos bélicos, que solo están sirviendo para lastrar las economías, en especial para los hogares.

 

 

Miguel del Río